viernes, 1 de abril de 2011

Ha pasado bastante desde la última vez que escribí aquí. He aprendido algunas cosas, me ha dado cuenta de otras muchas que no sé. Por encima de todo, he aprendido mucho sobre palabrería, promesas vacuas e intereses encubiertos. Todo se puede ver desde el punto de vista que quieras y unos y otros tratan de llevarte al huerto. Así que no me creo nada. La industria farmacéutica busca enriquecerse… pues sí, y las demás también. Yo también busco enriquecerme, y seguro que tú también, otra cosa es que lo consigamos. La política sanitaria trata de hacer encaje de bolillos para contentar a todo el mundo, pero eso es imposible. Como en el concurso Atrapa un millón, cuadrar los presupuestos es mover fajos de billetes de un lado a otro, y todos piden más, y todos tienen una causa más justa que el de al lado. Las CCAA derrochan, los medicamentos innovadores levantan el país, los genéricos ahorran, los medicamentos de autocuidado también y levantan la autoestima del ciudadano cuando ve lo consciente y responsable que es, las oficinas de farmacia han empezado a ser mileuristas (pues quién lo pillara), los pacientes quieren que se investigue en lo que les interesa a ellos y no a la industria y si pronuncias la palabra copago en público te salen cuernos y cola, cuando luego nos cobran por otras cosas peores y a nadie parece importarle. Nos importa más que nos dejen fumar o no. Sí, el Gobierno pone normas, y para eso está, creía. Si no fuera así, podría pegar una paliza a quien me caiga mal, ir a mear al jardín del vecino, entrar a comer al restaurante e irme sin pagar… y no pasaría nada, solo que me pegarían una paliza también a mí; en fin, que tenemos normas porque vivimos en sociedad y tratamos de molestarnos lo menos posible los unos a los otros y no vivir en el caos.
¿El Plan Sectorial? Pues como decía, palabrería. Un nombre rimbombante, muchas sonrisas, imagino que falsas, e invitar a los medios sin dejar turno de preguntas. Al menos han tardado menos que lo que están tardando con la Ley de la Ciencia. Al final, tanto da que una ministra esté preparada o no, al final terminas haciendo lo que te dejan.
Y como no soy de las que ven la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio, hago autocrítica: en este tiempo también he aprendido mucho sobre los males del periodismo actual. En muchos casos, en vez de perro guardián es perro faldero. Pero si la sanidad no es una prioridad para los políticos, no te digo nada de la situación de los medios. ¿Para cuándo un Plan Sectorial para ellos?

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